17.07.08El sermón del domingo: 1 Corintios 3:10-15 — Recompensa celestial(Este sermón fue predicado el 17 de julio de 2008 en la Iglesia Bautista de Alameda de Osuna)
Sin embargo, sabemos que no todos los seres humanos se enfrentarán de la misma forma al juicio de Dios. Existirá una gran diferencia en esa rendición de cuentas, entre los que confiaron en Cristo durante su vida terrenal, y los que le rechazaron o ignoraron. Es tan sencillo como esto: aquellos que tengan a Cristo, podrán entrar en el cielo. Los demás, quedarán eternamente excluidos de la presencia de Dios. Una situación que la Escritura define así:
A veces pensamos que todo queda aquí, que esta es la gran y única distinción. Ciertamente es la línea divisoria que más nos debe preocupar, la que separa a los salvos de los perdidos, pero a veces olvidamos que, además, la experiencia del cielo y del infierno tampoco será uniforme para aquellos que experimenten uno u otro destino. Por ejemplo, la Escritura nos revela que en el infierno habrá grados de castigo. En el evangelio de Lucas encontramos un pasaje en que Jesús lo revela de forma figurada:
En otros pasajes, como el lamento de Jesús sobre las ciudades de Galilea, el Señor se muestra más explícito:
Si en el infierno hay grados de castigo, la Biblia también nos revela que en el cielo habrá grados de recompensa, y si bien la salvación es siempre por gracia, las recompensas en el cielo se basan en las obras, y esto es algo en lo que no solemos pensar mucho. Esto quiere decir una cosa muy simple a la que deberíamos prestar mucha atención: el tipo de vida que llevemos aquí, la calidad de nuestra vida, tendrá consecuencias eternas. Cómo vivimos aquí y ahora, en el tiempo, está directamente relacionado, no solamente con la salvación o perdición, sino también con cómo viviremos en ese estado eterno. Esta mañana nos centraremos en el destino de los creyentes, en las recompensas. Además, al final de nuestro estudio, intentaremos dar respuesta brevemente, con la información que tenemos, que no es mucha, a dos cuestiones sencillas: de qué forma medirá el Señor las recompensas y en qué pueden consistir estas. Empecemos: 09.07.08El sermón del domingo: Nehemías 2:1-8 — La actitud de un siervo(Este mensaje fue predicado el pasado día 7 de julio de 2008 en la Iglesia Bautista de Alameda de Osuna) Introducción Si esto fuera una prueba de atletismo, ya habríamos escuchado al juez de salida decir: “preparados, listos…” y en este momento estaríamos viendo con la pistola en alto sabiendo que en cualquier momento dirá “ya”. Pero no es una prueba de atletismo, y esas décimas de segundo que tardaría en decir ya son semanas, quizá meses, no más, no sabemos cuantos. Quizá ya han pasado todos, quizá escuchemos el “ya” este mismo lunes y tengamos que empezar a correr de verdad con todos nuestros sentidos puestos en la victoria. Sólo Dios lo sabe, ¿y mientras tanto? Mientras tanto no estamos simplemente esperando, mientras tanto el Señor espera algo de nosotros, espera una actitud, espera que mostremos aquellas características de los cristianos que se disponen a intentar grandes cosas para la gloria de Dios, las características de aquellos que el Señor bendice, porque puede utilizar como instrumentos para avanzar en sus planes de que el evangelio se conocido y proclamado, las características de aquellos a los que el Señor recompensará algún día por haber hecho buen uso de los talentos que les fueron confiados. ¿Qué características, que cualidades son esas que el Señor espera de aquellos que en momentos como estos se comportan como siervos fieles y buenos? ¿Cuáles son? ¿Yo quiero saberlo? ¿Yo necesito saberlo? Si queremos estar preparados y aprender de aquellos a quienes Dios utilizó grandemente, tú seguramente también deseas saberlo, pues te invito a que me acompañes esta mañana examinando la vida de Nehemías, en la aventura de descubrir las cualidades que el Señor busca en aquellos que hacen grandes cosas para Dios. Empecemos, lo primero que, como siempre, tenemos que hacer, es entender bien el pasaje que estamos considerando: 06.07.08El sufrimiento como disciplina (VII)Querida Gabriela, Pero la persecución es solamente una de las modalidades de sufrimiento por las que podemos pasar como cristianos, otra, sin duda, que además puede manifestarse también en forma de persecución, es la propia disciplina del Señor por nuestros pecados. 01.07.08El Sermón del domingo: Juan 18:12-27 — Sana desconfianza(Este sermón fue predicado en junio en la Iglesia Evangélica de Vicálvaro) Introducción 19.06.08¿No sufres persecución? ¿Seguro que eres cristiano? (VI)Querida Gabriela, En mi última carta vimos, finalmente, cómo Dios utiliza el sufrimiento para que podamos rendirnos totalmente a su voluntad, con ello terminamos de analizar la perspectiva que del sufrimiento nos ofrecía C.S.Lewis. A partir de hoy vamos a empezar un nuevo abordaje de este tema, el del sufrimiento de los cristianos, y para ello dejaremos que David Burt sea nuestro guía: Nuestro pastor nos conduce frecuentemente por prados verdes junto a aguas de reposo; pero, tarde o temprano, también querrá llevarnos por el valle de la sombra de la muerte. En nuestro contexto religioso, fundamentalmente católico, es necesario recordar que este sufrimiento no tiene nada que ver con una supuesta necesidad de expiar nuestros pecados para satisfacer a Dios o pagarle por nuestra culpa. La Biblia es muy clara en este punto. |
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